Tan

Tenía 14 años. Una tarde a la semana iba a jugar sola a la biblioteca. Paseaba por las estanterías, acariciaba los lomos de los libros, seguía un patrón cuidadosamente aleatorio. Me relamía considerando a mi próximo elegido. Poemas de Becquer, historias sobre El último dragón... Cualquier cosa que llamase mi atención. Aquel libro estaba ligeramente sobresaliente de la hilera. Era un voluminoso volumen, con un anodino "Relatos 2" en la portada. Leí en autor, era de un tal Julio Cortazar. Me llevé al desconocido a casa, apretado contra el pecho.
Así comenzó nuestra historia de amor.
Unilateral, es cierto (o relativo), casual, intenso como cualquier juego, como caminos repetidos. Su particular acento grabado en mí (tanto como en aquella cinta magnética que me regaló Javier, mi profesor de literatura (y sin embargo amigo, como le gusta añadir a él))
Y sin embargo, aún no he terminado de leer Rayuela.
Un cúmulo de casualidades y mi tendencia a no poseer los libros más que el tiempo que tardo en leerlos (y el tiempo que se quedan en mí, flotando o creciendo), ha hecho que nunca pasé más allá del meridiano. Siempre ha habído un viaje repentino y soñado que me ha partido la lectura.

Ahora, que sé que no voy a ninguna parte, ahora que he perdido toda la magia, ha venido Rayuela como regalo, como no sé que tabla de salvación, que campana, que vendaval... que necesidad de alejarme de tanta cordura.
Voy a disfrutarlo (me relamo)

Comentarios

ybris ha dicho que…
Puedes relamerte con razón.
Vas a disfrutarlo más por la historia que te lo lleva hasta lo más íntimo.
Hay libros que son más que libros.

Besos.
a-escena ha dicho que…
Llegas de nuevo a ese libro en el momento justo, seguro.
Suerte.
propagandhi ha dicho que…
Es la mejor época. El libro ya no sabe igual

Entradas populares de este blog

Literatura, mutantes y sombreros blancos

Adelantando Beltaine