Sol de Diluvio

Mariposas amarillas trepan por las trenzas de una chica en la estación de Waverley, y el diluvio que nos espera arrasa las buhardillas de la Royal Mille. Hay goteras en los altos tejados, imprevistas, avalancha, despojadas, caen sobre cuerpos de amantes, sobre spatiphilium blancas, salpican de tierra las paredes, de semen los vientres. La tarde se recoje oscura lenta y después estalla con la blancura de un piano impúdico. Notas reversibles que me traen el calor del sol, mis manos al volante, sus pies pequeños, blancos, de niña descarada sobre la guantera. Comiendo chocolate y cantando en voz en grito, la cabeza fuera de la ventanilla. Mis dedos dibujando rutas sobre mapas imposibles a su mirada, Estoril. Sus pies descalzos corriendo al puerto.

Comentarios

ybris ha dicho que…
Suele pasar.
Las tardes de apagón oscuro bajo la lluvia del norte nos llevan a la explosión de la luz del sur esplendoroso.
Sobre todo cuando alguien nos enlaza con su presencia los dos paisajes.

Besos.
Misántropo ha dicho que…
Pues será la primavera, que también ha llegado al norte, pero a mí lo que me pierde es ese aire Nabokov.

Tus relatos son de una calidad exquisita. No te pierdas.

Un beso.

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