Adelantando Beltaine
La vigilia se mezcla con el inconsciente en una cuerda floja peculiar. Cuarenta y cuatro , cuarenta y tres, cuarenta y dos, voy bajando los escalones de piedra, a veces de espaldas, a veces hacia delante. Las espirales se suceden, caracoles decrecientes, treinta y cinco, treinta y cuatro, el tamaño de los escalones crece y mengua bajo los influjos de lunas inmisericordes. La piedra permanece, mutando en sí misma invariablemente. Doce, once, diez, once no, nueve, ocho, el espacio cada vez es más pequeño, cada vez soy más pequeña, tres, dos, uno, oscuridad, el hueco se reduce al contorno de mi cuerpo encogido sobre sí mismo. Cero. La frente contra las piernas, la curva esférica de la espalda. Quietud. Pero algo ajeno, dañino ha venido en mi regreso. Alzo una mano hasta el cráneo . Busco a tientas, los dedos encuentran algo, agarran, tiran. El largo alfiler sale despacio del hueso. Lo miro sin sorpresa, tiene nombre propio y me hacía temer. Lo hago arder sobre la palma de mi mano. Apenas ...