Ad astra per aspera

No hace frío, pero el agua de la ducha me hace sentir repentinamente vulnerable, debajo de mis pies la fría superficie de la bañera brilla, reprimo la intempestiva necesidad de dejar mi cuerpo resbalar hasta quedar ovillada en esa superficie desalmada, con la lluvia de la ducha golpeando la piel. Aún así, me siento, pongo el tapón y miro las espirales vacías de la nada llenando el tiempo, mientras la bañera se convierte en un recipiente artificial de amniótico. Sumerjo la cabeza y mis oídos se aíslan de todos los sonidos, el agua los aleja al mismo tiempo que los amplifica, suenan de otro mundo, y la presión va creciendo en los pulmones. Lo único que quiero es dormir, cerrarme sobre el agua como en una bolsa, tejer una crisálida líquida y desaparecer del mapa. No sé cuanto tiempo estoy, soy, permanezco. Sé que cuando por fin me levanto, la piel está erizada de frío y los labios que refleja el espejo están algo violetas. Pero esa que veo no soy yo. Seguro. Veo como lentamente la boca se...