Hemisferio
Fue mi nieta la que trajo el cuadro. Se empeño en colgarlo enfrente de la cama, para que pudiera verlo bien. Era precioso, en el se veía una pequeña aldea, de chozas techadas con hojas de palmera, rodeada de vegetación verde, y a la izquierda se veía una playa larguísima de arena blanca. Después de colocarlo con cuidado, me guiñó un ojo con malicia. Siempre me ha parecido una muchacha un tanto misteriosa. Algunas noches, me quedaba mirando el cuadro, ya acostada. Si me fijaba bien, me daba la sensación que en las casitas había luces prendidas, incluso en una ocasión me pareció que en la playa había el diminuto punto brillante de una hoguera. No me molestaba para dormir, así que no le di importancia. Fue para Navidades cuando me percaté que la vegetación estaba mucho más verde, y que habían comenzado a salir florecillas de colores en los árboles, así que supuse que la aldea debía encontrarse en la otra mitad del hemisferio, y que allí la primavera estaba comenzando. Efectiva...