Bailemos , susurraste, pero olvidando la cadencia del andante, desenfundamos armas y comenzamos una batalla silenciosa y grácil. Medimos pasos e invasiones, averiguamos la trayectoria exacta de los dardos, y afilando la crueldad de la retórica arrasamos lo que estaba a nuestro alcance. Recibimos puñales que no fueron mortales, la sangre arrogante no pidió permisos y al fin quedamosfrente a frente. Agotados, sin armas, malheridos. Por supuesto nos sorprendió una luz, y eran mis manos más convincentes que cualquier gramática, arañas con peso pájaros de cinco alas surcos de roja tierra roja, dispuestos a saquear los imperios de una piel entregada ya sin resistencias. Sin avisos nos vimos lanzados al abismo, sin mapas ni estrategias, envueltos en la sombra. Atrapados al fin por la voracidad inaplazable del deseo.
Comentarios
Como si la confusión estuviera en nosotros.
Y fuera menor al decirlo.
Porque entonces se convierte en fascinante
Un beso.
Abrazo orgiástico.
Plinio.
O era Dinio...no, Dinio era la noche. No sé, es todo tan confuso.
A mi me fascina la imagen. Ya casi había olvidado las máquinas de escribir. Y la frase es muy cierta; queda estupenda como el principio de algo.
Aunque hay que reconocer que, por el contrario, a veces la vida es pura confusión. Sobre todo en los minutos siguientes a sonar el despeeeeertador.
"Me gustas cuando te concretas porque estás como ausente" Este es mío ¡Yeah!
Abrazo de tierra y musgo.