Damas y caballeros, vuelvo enseguida. Mientras tanto, disfruten de la vida... porque inclusoo cuando eres tan solo otro ladrillo en el muro, eso no significa que no puedas ser diferente.
Permíteme que disienta... somos todos ladrillos diferentes... la forma puede repetirse pero no la posición...y en el muro, todos necesarios para sostenernos... La espera de tu voz siempre valdrá la pena.
Bailemos , susurraste, pero olvidando la cadencia del andante, desenfundamos armas y comenzamos una batalla silenciosa y grácil. Medimos pasos e invasiones, averiguamos la trayectoria exacta de los dardos, y afilando la crueldad de la retórica arrasamos lo que estaba a nuestro alcance. Recibimos puñales que no fueron mortales, la sangre arrogante no pidió permisos y al fin quedamosfrente a frente. Agotados, sin armas, malheridos. Por supuesto nos sorprendió una luz, y eran mis manos más convincentes que cualquier gramática, arañas con peso pájaros de cinco alas surcos de roja tierra roja, dispuestos a saquear los imperios de una piel entregada ya sin resistencias. Sin avisos nos vimos lanzados al abismo, sin mapas ni estrategias, envueltos en la sombra. Atrapados al fin por la voracidad inaplazable del deseo.
Me inclino sobre la anthurium y juego a que mis manos recojan con delicia las hojas secas, una a una. Un ritual estival, el blanco salón se ha llenado de plantas que esperan armoniosamente mis cuidados. Mis manos, insospechadamente sabias están oscurecidas de substrato. Son un cuenco que se llena de tierra, conscientes de la grave liviandad que supone esa materia, vida concentrada en el puño pequeño. Las garzas de mis manos van quietamente recorriendo. Enderezan una guía para la monstera . Fertilizan las futuras flores. Van eliminando sin tijeras, tan solo con un chasquear del pico, las hojas que son un peso que dejar atrás. Tengo cien años. Suena el CD que me trajo Lu Wei cuando vino a vernos. Hay sonidos de viento madera que no reconozco, y cuerdas que son pulsadas y me hablan en otro idioma. Tanta quietud. Desentierro con los dedos los bulbos dormidos de verano, y la música tal vez me trae a la memoria algo que me dijeron, hace algún tiempo, unos ojos azules. Cómo se imbrica...
Tenía 14 años. Una tarde a la semana iba a jugar sola a la biblioteca. Paseaba por las estanterías, acariciaba los lomos de los libros, seguía un patrón cuidadosamente aleatorio. Me relamía considerando a mi próximo elegido. Poemas de Becquer, historias sobre El último dragón... Cualquier cosa que llamase mi atención. Aquel libro estaba ligeramente sobresaliente de la hilera. Era un voluminoso volumen, con un anodino "Relatos 2" en la portada. Leí en autor, era de un tal Julio Cortazar. Me llevé al desconocido a casa, apretado contra el pecho. Así comenzó nuestra historia de amor. Unilateral, es cierto (o relativo), casual, intenso como cualquier juego, como caminos repetidos. Su particular acento grabado en mí (tanto como en aquella cinta magnética que me regaló Javier, mi profesor de literatura (y sin embargo amigo, como le gusta añadir a él)) Y sin embargo, aún no he terminado de leer Rayuela. Un cúmulo de casualidades y mi tendencia a no poseer los libros más que el tiemp...
Comentarios
Eres diferente.
Un beso.
Hasta algún día.
Kiss.
Feliz desconexión (temporal?)
La espera de tu voz siempre valdrá la pena.
besos.
Hasta pronto!!
Saludos.
vaya...
besos¡¡
Please.
Porfa.
pero yo también quiero leerte y comentarte.
¡Ánimo!